Sábado 14 de Octubre de 2006
El clan de la foca
La inglesa Michelle Paver rompe drásticamente con la tradición de considerar al hombre primitivo como poco más que un débil mental, que endiosa a las fuerzas de la naturaleza porque no es capaz de entender lo que le rodea.
Rodrigo Pinto
Esta segunda entrega de las Crónicas de la Prehistoria, de la inglesa Michelle Paver, vuelve a poner al lector entre los clanes prehistóricos del norte de Europa, hace seis mil años. En Hermano Lobo, la autora había presentado a los principales protagonistas y las líneas maestras de la serie: Torak, del Clan del Lobo, pero criado fuera de los clanes; Lobo, el lobezno que Torak rescata después de haber perdido a su padre; Renn, la chica cazadora y aprendiz de hechicera del Clan de los Cuervos; y Finn Kedinn, líder de este clan y conocedor de la historia.
Una nueva amenaza, más devastadora y difícil de enfrentar que el oso demonio de la primera parte, se cierne sobre los clanes. Torak, buscando cómo vencer el mal que florece en el bosque y en el mar, aprende cada vez más sobre sí mismo y comienza a entrever los alcances de su poder. Pero la trama es secundaria al lado de otros factores que enriquecen singularmente esta saga, quizá la mejor escrita y más compleja de las muchas destinadas al lector adolescente aparecidas en los últimos años.
Los clanes viven en un contacto mucho más estrecho con la naturaleza, marcados por el espíritu del animal que les da el nombre y sometidos a un estricto marco de conducta en relación al mundo. Paver rompe drásticamente con la tradición de considerar al hombre primitivo como poco más que un débil mental, que endiosa a las fuerzas de la naturaleza porque no es capaz de entender lo que lo rodea. El complejo sistema de creencias de los clanes es coherente con su percepción del mundo y se funda en el respeto: los hombres pueden tomar las vidas de otros seres, pero deben usar todo lo que brindan, porque también tienen alma. Más allá de la aventura, es apasionante la muy bien fundada especulación de Paver sobre las maneras de vivir de los clanes y cómo aprovechan todo lo que está en su mundo.
El personaje más entrañable es Lobo, todavía un niño a pesar de su tamaño, que llama "Alto Sin Cola" a su hermano de camada. Esa fraterna relación contiene todo el misterio y el atractivo de estas crónicas que movilizan emociones, temores y alegrías genuinas en el lector.
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